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Patio (Planta Baja)

Presentación

Alrededor del patio se reúne la obra de los pintores nacidos en las décadas de 1920 y 30, autores como Alejandro Mieres, Antonio Suárez, Joaquín Vaquero Palacios, Orlando Pelayo, etc. Ellos serán los que conectarán el panorama artístico asturiano, con los movimientos de vanguardia de la segunda mitad del siglo XX.

Estos autores nos ofrecen una nueva interpretación del paisaje en el que se pierde la evocación fiel de la realidad en aras de una abstracción informalista y matérica no exenta de lirismo.

Obras

ORLANDO PELAYO (Gijón,1920-Oviedo, 1990)

- LointainschampsdeMontiel_1962.jpgLOINTAINS CHAMPS DE MONTIEL [LEJANOS CAMPOS DE MONTIEL], 1962

Óleo sobre lienzo
Donación viuda del autor

Al igual que otros artistas de su generación, la vida del pintor estuvo fuertemente marcada por la guerra civil. Tras luchar en el frente en el bando republicano, sufrió la amargura de la derrota, la huida a Argelia, los campos de concentración y finalmente el exilio en París. Cuando las circunstancias políticas lo permitieron regresó a Asturias, donde vivió durante largas temporadas.
A partir del año 1959 el artista realizó una serie de paisajes en los que, utilizando una perspectiva a vista de pájaro, recreó con gran inmediatez los paisajes de La Mancha donde se había desarrollado su infancia. Para su realización emplea el color aplicado en pequeñas áreas empastadas que conforman un núcleo central desde el que irradian, en distintas direcciones, las líneas maestras de la composición. El título de la serie Cartografías de la ausencia alude a ese intento de recuperar las tierras de su niñez y al dolor del desarraigo provocado por el exilio.


ANTONIO SUÁREZ (Gijón, 1923)

- Sintitulo_1959.jpgSIN TÍTULO, 1959

Óleo y madera sobre lienzo
Depósito del artista

Artista de formación autodidacta, su trayectoria está marcada por la firma en 1957 del manifiesto del grupo El Paso, formado entre otros por Rafael Canogar, Manuel Millares y Antonio Saura. Esta agrupación representó uno de los acontecimientos fundamentales en la historia de la pintura española en la segunda mitad del siglo XX.
En el presente cuadro realiza una composición netamente abstracta aunque con sugerencias orgánicas. Sobre un fondo de gamas frías dispone la materia pictórica a partir de un núcleo central dejando los márgenes de la tela libres. La paleta de colores es reducida: blancos, grises y sobre todo tostados y cobrizos aplicados con veladuras que dotan de volumen a la composición. En este caso introduce pequeños tacos de madera que, dispuestos en línea, evocan fragmentos de mosaicos.


ALEJANDRO MIERES (Astudillo, Palencia, 1927)

- Cuenca_1973.jpgCUENCA, 1973

Óleo sobre madera
Adquirido en 1992

Aunque nacido fuera de Asturias, su obra de madurez se desarrolla en Gijón, ciudad en la que reside desde 1960 cuando obtiene por oposición la cátedra de dibujo en el Instituto Jovellanos. Desde la década de los sesenta su pintura tiende a la monocromía. En esta obra, el negro sirve al artista para construir una interpretación abstracta del paisaje de las cuencas mineras asturianas. La materia cobra un protagonismo absoluto, utilizando el óleo magro que extiende sobre la superficie rugosa del soporte. El uso de la espátula y el peine dentado le permite obtener superficies estriadas propias de su estilo. Las pinturas adquieren un carácter escultórico al construir auténticos relieves sobre los que incide la luz de una manera real.


JOAQUÍN VAQUERO PALACIOS (Oviedo, 1900-Madrid, 1998)

- Paisajeamarillo_1970.jpgPAISAJE AMARILLO, 1970

Acrílico sobre tela
Adquirido en 1981

Arquitecto, escultor y pintor de trayectoria vital cosmopolita, trabajó y vivió en Madrid, México, Nueva York, Centroamérica y Roma. Pese a estos continuos desplazamientos mantuvo siempre como referencia su Asturias natal, donde realizó alguno de sus edificios más destacados como el del Instituto Nacional de Previsión y el Edificio Social de Hidrocantábrico en Oviedo o la Central Térmica de Proaza.
Este lienzo pertenece a la denominada "época del esquematismo" (1970-1985) caracterizada por una consciente utilización de un reducido número de recursos pictóricos. En este caso se evoca un típico paisaje castellano mediante el empleo de un perspectiva vertical estructurada mediante amplias manchas de color que van ascendiendo hacía un horizonte alto. Los contrastes cromáticos producidos entre los amarillos, naranjas, rojos y marrones ocupan gran parte de la superficie del lienzo dejando únicamente una estrecha franja superior para un escueto celaje.


ADOLFO BARTHOLOMÉ (Gijón, 1937)

- Eltestamento_1965.jpgEL TESTAMENTO (NUEVOS CRIADOS), 1965

Óleo sobre lienzo
Adquirido en 1971

Pintor, escultor y grabador, técnica esta última con la que alcanza reconocimiento internacional, Bartholomé es un artista de sólida formación. Después de estudiar en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, recibió becas de ampliación de estudios en Londres y París y fue pensionado en la Academia Española de Bellas Artes de Roma.
Esta obra pertenece a una etapa de su trayectoria caracterizada por la aparición de una figuración de carácter expresionista. En este caso compone una escena de fuerte carga literaria en la que un grupo de personajes situados de perfil y vestidos de época, dirigen su mirada hacia un retrato ovalado que cuelga de la pared. La figura del monje que aparece a la izquierda, llevando en su mano el testamento al que hace alusión el título, se repite en otras obras de este periodo.


BERNARDO SANJURJO (Barres, Castropol, 1940)

- Estructurahorizontal_1981.jpgESTRUCTURA HORIZONTAL, 1981

Mixta sobre madera
Adquirido en 1981

Pintor y profesor de dibujo artístico en la Escuela de Arte de Oviedo, se formó en Madrid y París. Sus primeras obras parten de la representación paisajística inspirada en los límites de la Ría del Eo, donde nació. Posteriormente, su trabajo evoluciona hacia una síntesis que desemboca en una genuina abstracción de tintes expresionistas que le ha caracterizado hasta el presente.
El cuadro Estructura horizontal refleja una tendencia ya anunciada a finales de la década de los años setenta y que da como resultado una exquisita pieza caracterizada por la sobriedad y solemnidad con que el artista acomete su minucioso y armónico trabajo. El cuadro incorpora arenas de sílice confiriendo consistencia a la superficie pictórica, que se presenta estructurada en grandes y geométricos planos de color, dispuestos a modo de estratos horizontales, dominados por un denso, contenido y matizado cromatismo.