Aceptar

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia de navegación y ofrecer contenidos y servicios de interés.
Al continuar con la navegación, entendemos que se acepta nuestra política de cookies.

Sala I

Pintores de la generación romántica

La visita se inicia con una selección de obras de los artistas Ignacio Suárez Llanos y Dionisio Fierros, representantes de la primera generación de pintores asturianos que recibió formación académica y tuvo proyección a nivel nacional. Su producción se adscribe al Romanticismo, estilo en el que cultivaron tanto la pintura de género como el retrato o el bodegón.

Obras

DIONISIO FIERROS (Ballota, Cudillero, 1827-Madrid, 1894)

- AntonioJaspe_1857.jpgANTONIO JASPE MOSCOSO Y SU HERMANA, NIÑOS, 1857

Óleo sobre lienzo
Legado Lledó-Suárez

Uno de los artistas más relevantes de este periodo es DIONISIO FIERROS, formado en la Academia de Bellas Artes de San Fernando y más tarde en Roma. Premiado en varias ocasiones en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, fue discípulo de Federico Madrazo, en cuyo taller comenzó a formar una clientela que le permitió establecerse en Oviedo en 1878.
El retrato era su fuente principal de sustento, aunque también cultivó otros géneros como el cuadro de costumbres, el bodegón y el paisaje.
Fierros pintó este retrato durante su primera estancia en Galicia, región a la que se trasladó en 1855 en busca de modelos para sus cuadros costumbristas. Los retratados son dos de los hijos de Juan Nepomuceno Jaspe Montoto y su esposa, familia perteneciente a la antigua nobleza gallega por lado materno. La elevada condición social de la familia viene señalada tanto por el cortinaje y la balaustrada de piedra del fondo, como por esa demostración del gusto por las formas inglesas, tan propio de los sectores más acomodados de la sociedad española del XIX, evidente en el vestuario del niño con falda escocesa y en el cuidadoso dibujo de las figuras. En esta obra destaca la habilidad de Fierros para el retrato infantil.


- Figurafemenina_1850.jpgFIGURA FEMENINA DE BUSTO CON FONDO DE PAISAJE, CA. 1850


Óleo sobre lienzo
Legado Lledó-Suárez

El motivo de figura femenina de busto, con expresión de ensoñación y fondo paisajístico, es frecuente en el periodo isabelino. En este caso, la mujer vuelve hacia la izquierda su perfil, dando a ese retrato una vitalidad y espontaneidad que se fundamenta en la extraordinaria claridad de la figura sobre un fondo más difuminado. El cuidadoso dibujo, la armonía ovalada de las facciones y la estudiada postura de la figura demuestran la deuda de Fierros con su maestro Federico de Madrazo.



- Bodegonlangosta_1870.jpgBODEGÓN DE LA LANGOSTA, 1870


Óleo sobre lienzo
Legado Lledó-Suárez

En esta obra, como en el resto de los bodegones de Fierros, los objetos de vidrio tienen una presencia destacada. En concreto las piezas aquí representadas, la botella de vino y el taller de aceite, proceden de la fabrica de vidrio establecida en Gijón con el nombre de La Industria, centro fabril que jugó un papel fundamental en el proceso de industrialización de la ciudad. En el cuerpo de las vinagreras y en el de la botella de vino puede verse el reflejo de la ventana por la que entra la luz en la habitación, situada en la parte anterior izquierda, recurso de tradición flamenca y holandesa que amplía el espacio. Una espléndida langosta sobre una gran fuente de loza blanca, ocupa el centro de la composición que se completa con tres cebollas, un ramo de perejil y un panecillo de cuernos. Las moscas sobre el mantel recuerdan motivos de vanitas.

IGNACIO SUÁREZ LLANOS (Gijón, 1830-1881)

- RetratoJoaquinAraujo_1860.jpgRETRATO DEL PINTOR JOAQUÍN ARAUJO, CA. 1860

Óleo sobre lienzo
Legado Lledó-Suárez

Suárez Llanos se formó en la Escuela Superior de Pintura y Escultura de Madrid, donde fue discípulo de Federico de Madrazo. A lo largo de su carrera cultivó con asiduidad el género del retrato, nutriendo las principales iconotecas madrileñas y asturianas de su tiempo, entre ellas la del Congreso de los Diputados y la del Ayuntamiento de Gijón.
En esta ocasión retrata a su discípulo y amigo, el pintor, grabador e ilustrador Joaquín Araujo y Ruano. La obra capta bien el talante vivaz del retratado, popular y querido por sus compañeros artistas. El colorido suavemente entonado sobre un fondo tostado y la veracidad sobriamente expresiva del rostro, son un buen testimonio de la capacidad de Suárez Llanos para llevar a cabo una aproximación objetiva e íntima al personaje.