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El Faro del Cabo Torres

faroEl Cabo Torres, tiene un innegable papel estratégico como el punto de señalización más destacado de la navegación en la costa central astur, a cuyos pies una gran ensenada daba acogida y refugio a las naves de guerra, transporte y comercio desde la prehistoria hasta nuestros días.

A comienzos del siglo XX la demolición del faro de Santa Catalina y su sustitución por una luz de pequeño alcance no satisfacía las necesidades de señalización marítima del Puerto de Gijón; estas circunstancias, unidas al proyecto de construcción de un nuevo puerto en El Musel, fue abriendo la posibilidad de ubicar un nuevo faro en el cabo de Torres, que comienza a funcionar en 1924.

Estos edificios estaban habitados por los torreros y sus familias por lo que se adecuaban y distribuían para albergar tanto la parte oficial de servicio, talleres y almacenes como la de residencia de los técnicos.

A inicios de los años 80, el edificio donde vivían los torreros perdió su utilidad al ser automatizada la linterna del faro.

Tras la firma del convenio de colaboración, en el año 2001, suscrito entre la Autoridad Portuaria de Gijón y el Ayuntamiento para impulsar, fomentar y promover todo tipo de actuaciones encaminadas al desarrollo del Parque Arqueológico-Natural de la Campa Torres, se ha adecuado el Faro de Torres para ser incorporado como un nuevo equipamiento del Parque y se ha recuperado para la ciudad un edificio emblemático de gran valor para la historia de la navegación en el Cantábrico.

Faro de TorresLa rehabilitación del Faro ha posibilitado, además, la creación de nuevos espacios destinados a la difusión, investigación y restauración de los contenidos del Parque Arqueológico. Con esta intervención, se ha realizado además una labor de gran importancia en el marco del Patrimonio Industrial de la ciudad de Gijón con la restauración de la linterna del Faro, la rehabilitación del edificio de la casa del torrero y el estudio histórico que se ha elaborado sobre la construcción de este inmueble y su uso hasta los años 80.

El edificio, tras la restauración ha quedado configurado en dos ámbitos, uno museográfico que se sitúa en la planta baja, donde se ha instalado una exposición permanente sobre la evolución de la bahía de Gijón desde época prerromana hasta nuestros días; y otro espacio administrativo ubicado en la planta superior, que alberga la sede de la Biblioteca arqueológica Manuel Fernández-Miranda y oficinas de los Museos Arqueológicos de Gijón.

En el exterior, se ha construido un mirador sobre el mar con documentación gráfica sobre las aves marinas del entorno.