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Sala IV

El valle de Prendes: una naturaleza renovada

A su regreso de Roma, Piñole fija su residencia en Gijón, aunque continúa pasando largas temporadas en Madrid, donde acude con frecuencia al Museo del Prado y a las tertulias del Círculo de Bellas Artes y del Nuevo Café de Levante, esta última presidida por Valle-Inclán.Su vinculación con diferentes iniciativas de renovación artística determinará su participación en importantes eventos nacionales e internacionales, como la exposiciónUn siglo de Arte Español después de Goya, celebrada en Bruselas y la Haya en 1928, y las muestras promovidas por la Fundación Carnegie de Pittsburg.

Vinculado a los concejos de Gijón y Carreño, y, en este último especialmente al valle de Prendes, donde se encontraba la residencia estival de la familia, Piñole cultiva con asiduidad la pintura al aire libre. Su visión renovada del paisaje parte de una observación directa de la realidad, que trasciende para alcanzar la esencia del entorno natural. Esta mirada vital y hedonista que proyecta sobre el paisaje también juega un importante papel en sus obras de temática costumbrista, donde frente a cualquier otra intención, prima el aspecto poético y la componente puramente plástica.

Obras

Sala 3 - QuintadeChor_1905.jpgLA QUINTA DE CHOR, 1905

Óleo sobre lienzo; 35 x 65 cm
Depósito del Museo de Bellas Artes de Asturias

Pintura de la serie de paisaje con balaustrada que Piñole realizó en la Quinta de Chor durante la primera década del siglo XX. La luz intensa del final del verano se pone por el oeste iluminando de soslayo la balaustrada que limita la antojana y deja paso a una vista parcial del valle de Prendes.

En esta pintura realizada a “plein-air”, Piñole trata de captar la atmosfera y la luz a través del color, recurriendo a una técnica de ejecución rápida, en una interpretación del tema que busca reforzar los valores plásticos siguiendo el principio impresionista según el cual la única fuente creadora de los colores es la luz solar que envuelve las cosas y las muestra según las horas con infinitas modificaciones.

 

La vuelta de la romeríaLA VUELTA DE LA ROMERÍA, 1915

Óleo sobre lienzo; 119,5 x 178,5 cm
Depósito del Museo Casa Natal de Jovellanos

Representa la vuelta al atardecer de la Romería Sacramental que se celebra en Perlora cada primer domingo del mes de agosto, con los romeros subiendo campo a través hacia la aldea de Prendes. La línea serpenteante de figuras se enmarcan en una amplia panorámica de la costa del concejo de Carreño, con el cabo de San Antonio a la izquierda, en la que Piñole muestra su condición de excelente paisajista. La escena, para la que emplea como modelos a unos vecinos de Carreño, se desarrolla bajo una luz difusa en un atardecer oscurecido de cielo encapotado que confiere cierto dramatismo al conjunto.

Piñole presenta esta obra por primera vez en la exposición celebrada en el Real Club de Regatas en 1915 y un año después en Oviedo en la Exposición de Bellas Artes.

 

Sala 4 - CorpusenCarrio_1925.jpgCORPUS EN CARRIÓ, 1925

Óleo sobre lienzo; 205 x 150,5 cm
Depósito del Museo de Bellas Artes de Asturias

Representa la procesión del Corpus Christi en la parroquia de Carreño, en el momento que se dirige a la iglesia parroquial desde el Palacio de Carrió. Una espectacular copa de un pino enmarca las tres escenas en las que Piñole sintetiza la vida en el mundo rural en sus principales aspectos, domestico, laboral y religioso-festiva, con la casa mariñana, la pomarada y la procesión, en la que recrea todos los elementos que articulan y dan carácter al acto religioso: el tamborilero, el pendonista, la imagen de la virgen transportada por autoridades locales y las niñas con sus vestidos de primera comunión.

El pintor definió esta obra, que presentó en la exposición de la Fundación Carnegie en 1927, como su “último fogonazo impresionista”, en referencia a la explosión de luz y color que la caracteriza.

 

Primavera Museo Nicanor PinolePRIMAVERA, 1924

Óleo sobre lienzo; 205 x 150,5 cm
Depósito del Museo Nacional Centros de Arte Reina Sofía

Esta obra recrea las labores de siembra en el valle de Prendes. La escena se sitúa en la pomarada de la Quinta de Chor con el monte Areo y el pino de la Reboria al fondo. La fértil y oscura tierra de Carreño contrasta con las gamas frías del fondo paisajístico y con la delicada matización colorística, en tonos rosas y azules, de la pantalla de manzanos en flor que envuelve a las figuras.

Influido por su amistad con el poeta Gerardo Diego, el pintor plasma una visión optimista de la naturaleza, un canto poético a la explosión de vida que conlleva la primavera. El cuadro fue presentado en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1924 y al año siguiente en la exposición que la Sociedad de Artistas Ibéricos celebró en Madrid.