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Sala III

Gijón, la ciudad natal: paisaje urbano y retratos

Durante el primer cuarto del siglo XX Gijón continúa siendo una ciudad costera de tamaño medio que tiene sus principales referencias en la actividad industrial y portuaria. A pesar de la entrada en funcionamiento del puerto del Musel, la vieja dársena local sigue manteniendo una intensa actividad industrial y pesquera. La ciudad histórica, dominada por la arquitectura de viviendas de tipo burgués, contrasta con los barrios industriales del Natahoyo y la Calzada.

Piñole cada vez se siente más cómodo en su ciudad natal, cuyo paisaje recrea frecuentemente inmerso en una luz tenue de atardecer o a la luz de las farolas. Aquí tiene el afecto de su madre y un entrañable grupo de amigos con los que acude a las tertulias y da largos paseos por los alrededores de la ciudad. Durante esta época el retrato es uno de los géneros que mas cultiva. Sus amigos más íntimos y los miembros de su familia son los protagonistas de una espléndida serie de obras en las que a la influencia velazqueña, se une la de Goya y muy especialmente la de James McNeill Whistler, cuya obra conoció en París.

Obras

Marineros en el puerto de GijónMARINEROS EN EL PUERTO DE GIJÓN, 1906

Óleo sobre lienzo;  114,5 x 150,5 cm
Depósito del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

Composición compleja y sólidamente construida en la que se representa a un grupo de pescadores conversando al final de la jornada laboral en el puerto de Gijón. Piñole ofrece una visión del puerto vinculada a formas de vida tradicionales y deja fuera de la escena cualquier testimonio de la intensa actividad industrial del puerto local, en una época en la que éste era el primer puerto carbonero de España. El carácter nostálgico de la obra y el trazo ágil que marca los contornos y hace vibrar la formas, pone en relación esta obra con la pintura vasca y con las corrientes de renovación posimpresionista en el tratamiento de los temas costumbristas.

Este cuadro fue pintado por encargo del Casino de Gijón que al final no pudo adquirirlo, por lo que permaneció en el estudio del pintor hasta 1936, cuando fue comprado por el Museo de Arte Moderno de Madrid

 

Sala 4 - LaCalleLosMoros_1914.jpgCALLE DE LOS MOROS ,1914

Temple sobre papel; 48,9 x 44,3 cm
Donación Enriqueta Ceñal Costales en 1991

En la segunda década del siglo, Piñole pinta una serie de vistas nocturnas de lugares emblemáticos de Gijón como las Calles Corrida y Moros. La realización de estos paisajes urbanos está dominada por una notable austeridad de medios y un uso restrictivo del color, en clara referencia al pintor angloamericano James Whistler, cuya obra conoce durante su estancia en París.

En este temple el autor representa la calle de los Moros al atardecer, con el edifico del banco de Castilla al fondo y el del banco deGijón a la derecha. Las figuras abocetadas de los transeúntes muestran el ambiente de última hora de la tarde en una de las principales arterias comerciales de la ciudad. Mujeres con niños, parejas, hombres con paraguas, recomponen una estampa de Gijón a principios del siglo XX, en la que, por encima de los elementos descriptivos, dominan las cualidades formales de la propia pintura.

 

Sala 3 - EduardoPrendes_1907.jpgEDUARDO PRENDES FUTBOLISTA ,ca.1907

Óleo sobre lienzo; 179,5 x 87 cm
Depósito del Museo Casa Natal de Jovellanos

Su primo Eduardo Prendes había completado sus estudios en Inglaterra, donde descubrió y practicó el fútbol. A su regreso a Asturias será uno de los precursores de este deporte en la región, participando en la fundación del Gijón Sport Club, antecedente del actual Real Sporting de Gijón, equipo en el que jugó como defensa.

En este retrato de cuerpo entero su primo aparece vestido con la indumentaria deportiva propia de la época: boina, camisa, pantalón corto, medias y botines. La composición es muy sobria. Sobre un fondo neutro, el foco de luz lateral crea una sombra que refuerza la sensación espacial. La sobriedad compositiva y el restrictivo uso del color, sitúa esta obra en la estela del pintor angloamericano James Whistler con quien Piñole comparte su profunda admiración por la obra de Velázquez.



Sala 3 - RetratoDonaBrigida_1916.jpgRETRATO DE DOÑA BRÍGIDA RODRIGUEZ PRENDES, 1916

Óleo sobre lienzo; 95 x 89 cm
Depósito del Museo Casa Natal de Jovellanos

El fuerte vínculo que unía al artista con su madre tiene su reflejo en el abundante número de retratos que le hace a lo largo de su vida, siendo el último el que pintó en 1951, poco antes de morir.

El pintor capta en esta obra el carácter fuerte y austero de su madre. Sentada en una solida butaca tapizada en capitoné, viste sobriamente y mantiene una expresión seria y firme. Su figura se recorta sobre un fondo neutro que centra toda la atención en las manos y en el rostro, fuertemente iluminados por una luz indeterminada de tradición velazqueña. La atmosfera que envuelve a la figura refuerza ese carácter de sobriedad que caracteriza a Brígida en todos sus retratos.