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Historia de la investigación en el yacimiento de Veranes

Hasta principios del siglo XX, ningún autor aborda la tarea de realizar una investigación en profundidad sobre este monumento. Este silencio es difícil de explicar y probablemente tenga que ver con la consideración de los restos emergentes de Veranes como algo cercano en el tiempo.

Será el cura párroco de la Abadía de Cenero, Manuel Valdés Gutiérrez, el encargo de revalorizar social y científicamente este yacimiento a partir de la década de los años veinte del siglo XX.

A lo largo del siglo XX se pueden trazar tres etapas bien definidas del interés científico que ha despertado la villa.

Primera etapa: principios del siglo XX

VeranesLa primera etapa ocuparía la primera mitad de nuestro siglo y estaría marcada por los estudios emprendidos por Manuel Valdés.

En 1918 publica su primer artículo en prensa y se inician sus trabajos en el yacimiento. En los años treinta las investigaciones del mencionado autor, supondrán una puesta en valor de la importancia histórica del yacimiento. La Comisión de Monumentos de Oviedo se interesará por los descubrimientos del párroco. Interpreta los restos de Veranes como propios de un gran monasterio, en funcionamiento ya en momentos muy tempranos de la cristiandad. De forma novedosa señala la presencia de elementos romanos , dato que permite al párroco determinar una gran antigüedad a la construcción de la iglesia.

En 1955, Pedro Hurlé, erudito local, defiende una interpretación novedosa sobre las ruinas de Veranes y señala que la obra original del edificio como romana y una posterior reutilización como iglesia.


Segunda etapa: años 80 del siglo XX


Veranes2En el periodo comprendido entre los sesenta y el inicio del Proyecto Gijón de Excavaciones arqueológicas, en 1982, se puede situar un segundo momento en los estudios del yacimiento de Veranes. Gómez Moreno, Joaquín Manzanares y T. Hauschild serán los principales investigadores de esta etapa. Todos ellos van a señalar la vinculación existente entre este yacimiento y la iglesia de Marialba (León), planteando, de este modo, una cronología visigoda para la edificación de la iglesia de Veranes.

Las investigaciones sobre Veranes iniciaron una nueva y última etapa a partir de 1982 en el marco del Proyecto Gijón de Excavaciones Arqueológicas. Bajo la dirección de Lauro Olmo se realizaron cuatro campañas de excavaciones (1983-1987) que, por diversas razones no tuvieron continuidad. Las excavaciones de Lauro Olmo se centraron principalmente en la terraza meridional correspondiente a la zona del "Torrexón" y las construcciones anejas al mismo, que se interpretaron como la pars urbana de una gran villa tardía con sus termas. Mientras que las excavaciones desarrolladas en la terraza norte, documentaron una serie de estancias con materiales que le indujeron a pensar en un área de ocupación altoimperial. Este espacio, durante la tardía romanidad y los primeros momentos altomedievales, se convertirá en una zona de actividades metalúrgicas.

El recinto considerado tradicionalmente como basílica paleocristiana o visigoda, sería para L. Olmo, una gran sala absidida de un complejo termal o un espacio relacionado con la construcción señorial de una villa romana, que en una fecha imprecisa de la Alta Edad Media se transforma en iglesia.

Tercera etapa: años 90 del siglo XX

Veranes3En 1997 el Ayuntamiento de Gijón inició, bajo la dirección de Carmen Fernández Ochoa y Fernando Gil Sendino, un nuevo proyecto de intervención sobre Veranes con el fin de determinar la secuencia cronoestratigráfica del yacimiento, recuperar y estudiar las funciones de los espacios que definen el yacimiento y preparar el monumento para su exposición pública.Entre 1998 y 2006 se han realizado un total de nueve campañas arqueológicas que han permitido rescatar un gran complejo agropecuario tardorromano que presenta una monumentalidad solo equiparable a otras villas peninsulares.

A la vista la vista de la excepcional importancia de los descubrimientos, el Ayuntamiento decidió abordar, junto a los trabajos de excavación e investigación del yacimiento, la creacion de un museo de sitio con un complejo programa de actuaciones encaminadas a proteger los restos arqueológicos exhumados y dotar a de la villa romana de las herramientas y discursos que permitan a los futuros visitantes acceder a una comprensión global del yacimiento y del territorio en el que se implanta. Por este motivo, se ha construido un edificio de recepción con una superficie construida de 498 m2 y un área de actuación de 2.000 m2. Como complemento a los trabajos de conservación y presentación de la villa, se ha procedido a urbanizar y a actuar desde un punto de vista paisajístico en el yacimiento. En este proyecto se ha dado respuesta a las circulaciones internas del yacimiento, a la construcción de estructuras que permitan la protección de elementos singulares (mosaicos), y a todos aquellos elementos que han sido necesarios para permitir una correcta visualización e interpretación de la villa.