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Sala V

Nuevas influencias, nuevas amistades

Los años veinte fueron para Piñole un periodo de prosperidad y felicidad. En 1922 el poeta Gerardo Diego llega a Gijón como catedrático de Literatura del Instituto Jovellanos. A través de él, Piñole entra en contacto con la vanguardia literaria y conoce la obra de Lorca, Cernuda, Jorge Guillén, Cossío, Max Aub, Aleixandre y Alberti, objeto de muchas de las conversaciones de la tertulia “El Palomar” que se reunía en el Café Oriental.

A estos años pertenecen una serie de obras en las que los objetos adquieren un inquietante significado, una presencia que va desplazando progresivamente el elemento humano y que culminan con la serie de “naturalezas muertas” que ejecuta con la ayuda de dos muñecos articulados de madera traídos de Alemania.

Estos años de mayor riqueza creativa culminan con la presentación de su obra en 1933 en el Ateneo de Madrid, ocho años después de participar en la Exposición de la Sociedad de Artistas Ibéricos promovida por el crítico Manuel Abril que aspiraba a constituirse en una alternativa a la política cultural vigente y a las denostadas Exposiciones Nacionales.

 

Obras


Sala 5 - JoseManuelestudiando_1925.jpgJOSÉ MANUEL ESTUDIANDO, ca. 1925

Óleo sobre lienzo; 86 x 97 cm
Depósito del Museo de Bellas Artes de Asturias

Retrato de José Manuel, el hijo mayor de Pepita Prendes, cuando tenía unos diez o doce años sentado ante su mesa de estudiante. Los objetos, en calculado desorden, componen un interesante bodegón donde, además del globo terráqueo, destacan el violín, las piezas de ajedrez sobre el tablero, el reloj colocado encima de una lámina, los libros, el florero de porcelana, el vaso de cristal y tres manzanas. Piñole compone esta obra en torno a dos polos: el globo terráqueo y la cabeza del niño. Entre ambos media un amplio espacio vacío, que tal vez podría considerarse un receptáculo de las sensaciones de ese niño:¿desánimo ante lo arduo del estudio, sueño con posibles aventuras? En cualquier caso, esa zona vacía marca una distancia entre el mundo interior del niño y los objetos que simbolizan su mundo real. 

Bazar o vida grisBAZAR O VIDA GRIS, 1929
Óleo y lápiz lienzo; 125,56 x 96 cm
Adquisición en 2004

En esta obra Piñole recrea los pequeños establecimientos comerciales instalados en las viviendas de planta baja que servían a sus dueñas para colaborar en la exigua economía familiar.

La atmósfera que envuelve al conjunto despoja a las figuras de todo individualismo y las funde con su entorno. Una amplia gama de grises y ocres, enriquecidos con tonos rojos y azules que definen las líneas estructurales del conjunto, contribuyen a crear esta atmósfera densa y opresiva que refuerza el carácter sugerente de la escena. La melancólica visión del mundo infantil contrasta con la fuerza expresiva de las máscaras, creando un juego de ambigüedades característico de la producción piñolística de finales de la década de los años treinta.


 

Sala 5 - BocetoparalaTarrasca_1930.jpgTARASCA, 1932

Acuarela y lápiz sobre papel; 460 x 355 mm
Donación Enriqueta Ceñal Costales en 1991

Boceto del cuadro que presenta a la Exposición Nacional de 1932, la pintura es una alusión al entusiasmo popular que despertó la llegada de la República y el final de la Monarquía.La alegoría de la revolución está representada en la figura que porta la bandera con lo que ésta tiene de emblema de la pureza de un ideal, simbolizado en el niño que avanza desnudo junto a ella. Por el contrario, las cabezas de yeso y el libro abandonados evocan el desorden y ruptura que desencadena.

Piñole estaba terminando este cuadro cuando le llega la noticia del asalto e incendio de la iglesia del Corazón de Jesús, regida por los jesuitas, durante las jornadas de huelga iniciadas en Gijón a raíz de la sublevación de Jaca, preámbulo de la proclamación de la II República.

 

Sala 5 - Carteles_Elviejoautobus_1934.jpgEL VIEJO AUTOBÚS, 1934

Temple sobre papel; 740 x 103,5 mm
Donación Enriqueta Ceñal Costales en 1991

Posiblemente se trate de un boceto para cartel, género que en los años veinte vivió su época dorada. En Gijón, la celebración a partir de 1924 de la Feria de Muestras supuso un impulso alas actividades relacionadas con la difusión de la ciudad como destino turístico.

El protagonista de la composición es el autobús rojo de viajeros de la empresa del “Chamico” que cubría la línea entre Tamón y Gijón; por la izquierda, en segundo término, circulan un flamante turismo y otro autobús, ambos descapotables. La escena transcurre en un apacible entorno rural con la Campa Torres y la playa de Aboño al fondo. Las características formales de esta obra están relacionadas con su probable función publicitaria: gran formato, máxima simplificación y paleta de colores llamativa y limitada.