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Biografía de Nicanor Piñole

Nicanor Piñole (Gijón, 1878-1978)

Autorretrato 1905En 1892 comenzó sus estudios en la Escuela de San Fernando como discípulo de Carlos Haes y Antonio Muñoz Degrain, con el que obtuvo un premio de paisaje en 1897. A través de este último, ingresó en el estudio de Alejandro Ferrant, donde entabló amistad con los hermanos Valentín y Ramón Zubiaurre y Cristóbal Ruiz.

Tras un breve periodo en su ciudad natal, en 1900 se trasladó a Roma donde compartió un estudio con Gili y Roig en Villa Straufera y fue asiduo del Círculo Internacional de Bellas Artes. Las experiencias vividas en Roma y su paso previo por París ejercieron una influencia determinante en su obra. En este periodo, su personalidad artística queda plenamente definida en Familia pobre que presenta a la Exposición de Arte Moderno celebrada en Roma en 1902, a la Nacional de 1904 y a la Internacional de Buenos Aires de 1910, donde obtuvo una medalla de bronce. El tema central es una maternidad recogida y melancólica en la que Piñole deja constancia de su opción estética, basada en la sobriedad cromática, con un dominio de tonos ocres delicadamente matizados y una sabia aplicación de las manchas de color que estructuran sólidamente el conjunto de la composición.

En 1902 regresa a Gijón, donde estableció su residencia definitiva, alternándola con prolongadas visitas a Madrid, ciudad en la que frecuentó tanto el Círculo de Bellas Artes, como las tertulias madrileñas de renovación artística. En estos lugares, trabó amistad con figuras tan representativas como Santiago Rusiñol, Ricardo Baroja y Miguel Anselmo Nieto, entre otros.

Vinculado a los concejos de Gijón y Carreño, y muy especialmente a la Quinta de Chor, residencia estival del pintor, cultivó con asiduidad la pintura de paisaje al aire libre. Son obras pintadas al óleo sobre cartón, en las que el soporte adquiere protagonismo cuando la pincelada se alarga y aligera de materia, en contraste con otras zonas en las que el trazo es más rico en empaste, corto y dinámico. Estas obras de pequeño formato son visiones vitales y hedonistas, que le servirán para desarrollar obras de mayor envergadura, alguna de las cuales presentó a la Exposición Nacional de 1904. A partir de 1912, con motivo de sus excursiones al puerto de Tarna y Pajares, comenzó a pintar sus primeros paisajes de montaña, tema que será recurrente en su producción posterior y muy especialmente a partir de 1941, cuando inicia su amistad con José Ramón Lueje y se integra en la Agrupación Montañera Astur Torrecerredo. En ellos parte de una observación rigurosa de la realidad, cuya descripción meticulosa transciende, en favor de la busqueda de los valores esenciales de una naturaleza intensamente vivida.

El retrato es otro de los géneros que Piñole cultivó con mayor asiduidad. De primera época son una espléndida serie de retratos de su madre Brígida Rodríguez Prendes, sus tíos, Manuel y Manuela Prendes, sus primos y amigos más íntimos, protagonistas absolutos de gran número de dibujos con los que el pintor perseguía la rápida comprensión de lo esencial del carácter. Estos trabajos que son el fruto de un trabajo cotidiano constante, harán posible la extraordinaria profundidad psicológica y perfección técnica de sus retratos al óleo. En este género, Piñole es un claro exponente de la tendencia velazqueña que dominaba la pintura de aquellos años, especialmente destacable en el retrato que pintó a su tío Manuel Prendes en 1914, con el que obtiene una segunda medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1917. A la influencia de Velázquez, incorporó la de Goya, cuyas obras copió en el Museo del Prado, y muy especialmente la de James McNeill Whistler, cuyos retratos pudo admirar a su paso por París. En ellos se inspiró para los retratos de Félix Fernández Balbuena y Felipe Mon Camarasa que presentó a la Nacional de 1912, y para el de sus primos Ramón y Pepita Prendes de 1904, uno de sus mejores retratos. La austeridad de la paleta, la ligereza de la capa pictórica, que deja entrevista la textura de la trama del soporte, y las composiciones meticulosamente estudiadas, son algunas de las características más destacadas. Además, dentro de este género, cabe destacar los numerosos autorretratos que realizó a lo largo de toda su vida con técnicas diversas, lápiz, pastel, acuarela, tinta y óleo.

Las romerías y otras escenas de carácter popular, rural o marinero, fueron abordadas por Piñole en obras de gran formato, en la mayor parte de los casos concebidas para ser presentadas a las Exposiciones Nacionales. El tratamiento retratístico de los personajes y la fidelidad en la recreación paisajística, destaca en estas composiciones, sólidamente construidas, con las que el pintor perseguía una visión renovada de los temas regionalistas que se alejara definitivamente de la pintura realista costumbrista de finales de siglo. Marineros en el puerto de Gijón, 1906, La barraca, 1916 De promesa al Cristo de Candás, 1920, Recogiendo la manzana, 1922, La primavera, 1924, La hija del patrón de 1924 y Estibadores de 1927, son algunas de las obras más significativas con las que Piñole participó no sólo en las Nacionales, sino también en los llamados frentes de vanguardia, como la exposición celebrada en Madrid, en 1925, por la Sociedad de Artistas Ibéricos y las promovidas por la Fundación Carnegie de Pittsburg en Estados Unidos.

Frente a ellas, destacan sus obras más íntimas, aquellas que se inspiran en la realidad cotidiana en la que Piñole buscaba captar la belleza del pequeño detalle, en un canto poético que no está exento de melancolía. Son escenas de la vida cotidiana familiar, de mujeres charlando en la playa y de niños en rincones urbanos, en las que priman unos valores formales que dotan a la obra de un profundo lirismo. En algunas, como Bazar o vida gris de 1929, los objetos adquieren un inquietante significado, una presencia que va desplazando al elemento humano hasta llegar a la serie de naturalezas muertas que pintó entre 1927 y 1935, con la ayuda de unos muñecos articulados. Son obras que se vinculan a las corrientes plástico literarias en boga a finales de los años veinte, con las que Piñole entró en contacto a través del poeta Gerardo Diego.

A partir de la Guerra Civil el pintor se retiró definitivamente a Gijón, donde vivió junto a su madre, de la que realizó un magnifico retrato en 1951. El final de la contienda marca el inicio de un periodo tranquilo y de aislamiento, dedicado a la pintura, que se verá interrumpido en los años cincuenta por la llegada del reconocimiento oficial. Piñole falleció en su ciudad natal el 18 de enero de 1978.

Bibliografía básica

  • Álvarez Caravia, Ruperto, Nicanor Piñole, su vida y sus técnicas, Pintores Asturianos, tomo V, Banco Herrero, Oviedo, 1982.
  • Barón Thaidigsmann, Javier, Nicanor Piñole. Galería de retratos familiares, Gijón, Museo Nicanor Piñole, 1995 (pliego de 4 hojas).
  • Carantoña Dubert, Francisco Nicanor Piñole. Vida obra y entorno del pintor, 2ª ed. Gijón, 1998.
  • Cid Priego, Carlos, "Evaristo Valle y Nicanor Piñole", en El Arte en Asturias a través de sus obras, Oviedo, La Nueva España, 1996, pp. 821-836.
  • La mar en un espejo. Evaristo Valle/Nicanor Piñole, Museo Nicanor Piñole, Fundación Evaristo Valle, Banco Herrero &, Oviedo, Gijón, 1997.
  • Lafuente Ferrari, Enrique, Nicanor Piñole. El pintor centenario de Asturias, col. "Monografías de pintores asturianos", Gijón, 1978.
  • Piñole en Carreño, Museo Nicanor Piñole/ Centro de Escultura de Candás, Gijón/Candás, 1996.
  • Villa Pastur, Jesús, Nicanor Piñole. Su vida y su obra, Madrid, 1978.
  • Villa Pastur, Jesús, Autorretratos de Nicanor Piñole, Oviedo, 1988.
Más información: Descargar biografía de Piñole